La Amnesia del Tiempo: el culpable de nuestras atrocidades

La historia se repite una y otra vez aduciendo demencia temporal para justificar su accionar indigno y desgarrador. Se vale de la ira, la rabia, la impunidad y tantos otras emociones colectivas acumuladas en el tiempo para dramatizar lo que se ha hecho por siglos. Niños llorando siendo atravesados por ballestas y siendo despojados de sus inocentes vidas a merced de monstruos sin alma o cordura. Hombres y mujeres masacrados como escorias por un cuerpos poseídos de energías sedienta de carne obrera: Llenos de ensañamiento y furia enajenada. Dar muerte al que tiene una voz potente y que se le teme porque en el fondo tiene razón. Nadie puede vivir con es peso en sus consciencia. ¿Cuál es el pecado de la humanidad para merecer ese final tan brutal? Esbirros que matan y aniquilan obedeciendo a sus amos que no se ensucian ni las mangas de sus camisas, que se creen civilizados y son más sanguinarios que una bestia actuando por instinto. Se llenan la boca de diplomacia y desoyen los gritos de dolor de sus víctimas. No importa cuántas veces alguien escriba estas líneas o quien las lea, al final todo se volverá a repetir porque el tiempo no recuerda lo que pasó y lo seguirá repitiendo. Si fuéramos conscientes de lo que pasó ayer y de cada detalle de nuestra historia como seres humanos, no haríamos tanto mal a las personas y no las haríamos sufrir. La matanza es una de las tantas formas que ha hecho el ser humano a través de los tiempos, pero hay otras como el engaño o la estafa. Somos humanos por supuesto y cometemos errores, pero si por lo menos fuéramos conscientes de cómo nuestras acciones afectan al resto y practicáramos más la empatía como lo hacía Carl Rogers, las astrocidades del pasado serían simplemente eso: “atrocidades del pasado”. Sin embargo, no pensamos en el resto cuando queremos hacer algo y nuestro Ego, aquel ente omnipotente que creemos que es dueño de nuestras vidas termina por hacer las acciones más injustas e injustificadas jamás imaginadas. Gracias a ello es que somos racistas, xenófobos, clasistas, homófobos, etc. Empecé escribiendo algo desgarrador que incluía la participación de muchos actores que fueron víctimas y victimarios, pero que en el fondo todo se reduce a nuestras acciones. Todos tenemos la facultad de elegir y decidimos cómo nos conducimos en y con nuestro entorno. Si promulgamos la violencia que no nos sorprenda que tarde o temprano seamos atacados o ultrajados. En conclusión, no repitamos los mismos patrones de nuestros padres, abuelos o bisabuelos…de una vez se tiene que romper con la cadena interminable de errores propiciados por la mala memoria y el tiempo que en vez de curar heridas, las anestesia para que cuando otra tragedia grande o pequeña se avecine, se sienta como la primera vez. 

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El Reflejo del Ser: la voz interna que habla

Hoy no quiero escribir una reflexión…

Hoy no tengo la necesidad de explicarme a mí mismo lo que soy.

Hoy no quiero mostrarle al mundo quién soy y por qué hago las cosas que hago. A veces me canso y hoy es uno de esos días.

Hoy le cedo la palabra a mi alma que hace días estaba deseosa de escribir y expresarse; lo hacía a ratos cuando me ayudaba con el libro de «Los Fantasmas Olvidados»

Mi alma es la que habla y se disfraza de mí, Cristóbal, para que la puedan leer. Habla como Cristóbal, se expresa y ríe como Cristóbal, pero sigue siendo ella la que lo hace todo; para que no la olviden para sentirse amada y querida.

El día que ya se canse y no quiera ser mimada, se irá como el viento a convertirse en una con el Universo, volverá Casa de dónde provino y quizás olvide a Cristóbal, que para esas fechas ya será polvo y cenizas esparcidas por la Tierra en paradero desconocido…¿será en Chile, EE. UU., o en Italia?

O quizás sea en todas partes porque da igual, en una lápida quedará su nombre como testamento que una vez existió alguien con dicho nombre. Para entonces sus libros se llenarán de polvos y se quemarán con el tiempo sepultándolo para siempre…

El Alma, quien les habla, necesita liberarse de vez en cuando y decirles que Cristóbal es sólo un instrumento para canalizar emociones: Es una vía de escape para dejar una huella en este mundo. Aún así le estima y le quiere.

Cristóbal necesita de su alma para darse cuenta que está vivo y el alma le necesita para poder seguir viviendo.

Aunque los días se construyan y se destruyan, y uno nazca y muera con ellos, aún hay esperanzas de alcanzar el pináculo de la comunión Cuerpo-Alma. Para que así ambos encontremos La Paz que necesitamos y ya no exista dicotomía.

Malditos demonios parásitos que amenazan con apolillar la mente de mi anfitrión…

Lamento que Cristóbal esté ciego y no se pueda expresar claramente como quisiera hacerlo. Él vale más de lo que rezan estas palabras, pero se limita a creer que no es suficiente todo lo que hace. Me dio permiso para expresar lo que siente porque a él le da vergüenza hacerlo.

Sin embargo ya es tiempo de que brille antes que yo decida irme por definitivamente por Contrato Estipulado. Tengo que hacer que su existencia y la mía sí valgan la pena y que su nombre no sea simplemente una mención más en un obituario.

Sé que algún día trascenderá y yo con él para que ambos nos diluyamos y nos impregnemos en las mentes y los corazones de las personas. Ese será nuestro regalo. Peace.

Del acuario al océano

Un pez que prácticamente vivió toda su vida en un acuario (y que ya había olvidado de su vida en el mar), de pronto se le presenta la oportunidad de emigrar fuera del estanque por un conducto en el drenaje que desemboca en el océano. 

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No hace mucho tiempo yo me encontraba en una especie abismo o agujero negro el cual me engullía con el pasO del tiempo. Sentía que era una muerte lenta porque veía cómo mi vida se iba sin que yo pudiese hacer algo al respecto. Hablar de autonomía era como hablar de Cálculo o una materia avanzada a la cual solamente conocía de nombre. No albergaba el concepto de ser independiente o de separarme de mis padres por mucho tiempo. Pensaba que eso era virtualmente imposible y que mi adultez se transformaría en una infancia o adolescencia prologanda, sin fecha de caducación. Sin embargo, todo cambió radicalmente cuando en mi vida se presentó el que ahora es mi mejor amigo y hermano del alma, Marcos Rouan. Él fue el gatillante que yo saliera expulsado de este hoyo negro y empezara mi proceso de ascensión de vuelta a la luz. Gracias a su divina intervención yo fui descubriendo realmente quién era y la complejidad del ser que soy y siempre he sido: una persona con muchos matices. 

Con él me di cuenta que no soy un simple estudiante que pasaba días encerrado en su habitación leyendo o haciendo otras actividades. Existían muchas cosas de las que no era testigo y que ya era tiempo de afrontar. Mi transformación se la debo a él y al misterioso número “13” que aparece siempre cuando debo tomar una decisión importante o me sirve de GPS para indicarme que voy en el camino correcto. 


Al principio me asustaba cuando veía ese número porque en las cartas del tarot está asociada a “la muerte” y por lo tanto pensaba que iba a dejar este mundo. Sin embargo, con El Paso del tiempo descubrí que esa supuesta muerte en realidad hacía alusión al cambio que pasamos todos los seres humanos. 

Transitamos por muchos caminos y éstos nos muestran una manera de poder crecer y conocernos a nosotros mismos…

Según el camino que escojamos serán los desafíos que se nos presenten. Por consecuencia seremos capaces de comprender situaciones que antes no veíamos y que pasaban desapercibidas. Entre más conocimiento uno va adquiriendo, El Niño se transforma en joven y luego en adulto (parafraseareando el pensamiento de Nietzsche). No obstante, con cada experiencia adquirida también se pierde un poco la inocencia; pero es un precio qué hay que pagar para no quedarnos estancados en esta vida, sin haber por lo menos conocido cómo funciona. 

Al final no importa los caminos que uno recorra porque aún sin recorrer ninguno ya se está optando por una vía. Lo importante es que uno encuentre esa gratificación y sabiduría que queda después de haber hecho bien el trabajo.

Todo Empieza con una Oportunidad

Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes.

 — Jorge Bucay (1949-¿?) Escritor y psicoterapeuta argentino. 

Quiero empezar diciendo que aunque parezca sencillo para una persona común y corriente (y aún para ellos sé que no lo es), mobilizarse por la ciudad parece algo que se adquiere y se perfecciona con el tiempo. Nadie nació sabiendo nada, pero tenemos que aprender ciertas cosas para adaptarnos al entorno en el cual nos movemos. No sé si será más o menos difícil aprender el tejemaneje de todas las situaciones a las que nos enfrentamos y estoy seguro que varía según la persona. Pero lo que sí puedo asegurar es que uno gana más en confianza y en independencia, que lo que uno invierte en las equivocaciones que uno comete sí o sí. Todo es parte de la experiencia y es parte también de nuestro crecimiento.

Sin duda, al principio no es fácil tomar la decisión de querer adquirir más independencia, ni menos cuando tu entorno familiar te brinda apoyo, seguridad y bienestar. “¿Para qué hacer algo si no hay necesidad aparentemente? ¿Qué ‘saca’ uno con atreverse a hacer algo si uno tiene todo al alcance de la mano prácticamente?” Bueno, ese fue mi pensamiento por muchos años. No alcanzaba a dimensionar que estaba profundamente equivocado. No me percataba del error que estaba cometiendo. En algún rincón de mi mente y de mis pensamientos yo sabía que esto no estaba bien, pero no le daba mayor importancia. Estaba consciente que “algún día” yo tendría que tomar las riendas de mi vida y que de “algún modo” eso sucedería. No obstante, los años pasaban y yo seguía posponiendo algo que se tornaba más cercano. En parte responsabilizo a que muchos años me dediqué al estudio (aún ya estando en Estados Unidos) y no tenía tiempo para otras cosas, pero ahora me doy cuenta que eso era una mera excusa para no afrontar lo que se me venía. Mis padres y yo llegamos en el año 2000 a los EE. UU. pero recién en 2013, yo decidí que tenía que darle un giro a mi vida. En las etapas de cambio según Proshaska & DiClemente, en estos momentos yo estaría en la etapa de “acción”, aún no he llegado a la “mantención” o estabilidad en el tiempo. 

Sin embargo, yo tuve que pasar por todas las etapas de cambio; vale decir, la precontemplación, contemplación, acción y por último, la mantención. Dicho de otro modo, al principio no era consciente de lo que me pasaba (o le restaba importancia) y después la consideré como algo que había que cambiar. Por supuesto que el origen se puede rastrear desde que vivía en Chile y el porqué las cosas se dieron de este modo. Crecí en los años ’90 y la gente aún tenía la memoria ‘viva’ de la dictadura. La democracia fue paulatina y la confianza en las instituciones también fue a paso lento. Por lo tanto, nacer con una discapacidad en un país en donde existía la desconfianza y en donde todos se cuidaban de “todos”, no hacía las cosas más fáciles. Si a esto le agregas que la gente es sobreprotectora por naturaleza, entonces te encuentras en un escenario difícil. Estás limitado para hacer muchas cosas y si te animabas a hacerlas, siempre había un «cuidado porque te puedes caer» o «no lo hagas porque ‘algo’ te puede pasar». Entonces uno creció pensando que era una persona limitada y que la libertad de acción (algo irónico si se piensa en el contexto de la época) estaba sujeta a lo que decía tu familia o la sociedad. Si te lo decían era por tu ‘bien’ y porque al final no había más que discutir, era porque sí y punto. Por lo tanto, uno no se cuestionaba mucho las cosas y las aceptabas cómo se presentaban. Y a su vez te veías inmerso en una especie de inoperancia que te acomodaba porque te lo hacían prácticamente todo y te cumplían todas las cosas que a uno se le ocurría. Al decir esto, no quiero que piensen que soy un desagradecido o que no valoro lo que hicieron por mí; en especial mis padres y abuelos que hicieron y hacen de todo para verme feliz. Muy por el contrario, viví una infancia hermosa y me sentí muy amado por mis seres queridos. Eso ayudó a ser el adulto que soy en la actualidad y espero que si algún día contraiga matrimonio y tenga hijos, me gustaría traspasarles todo ese amor y dedicación; pero siendo consciente que ellos también tienen responsabilidades con sus vidas.

En 2013, yo me encontraba en un año sabático. Hace un año que había terminado la universidad y aún no tenía claro qué hacer después. Lo lógico era empezar a trabajar y era algo que quería hacer. El problema es que con el título de bachiller no me alcanzaba para conseguir un empleo en lo que había estudiado. Para eso, yo tenía que hacer un posgrado y licenciarme en sicología terapéutica. Después de mucho pensarlo, llegué a la conclusión de que no tenía muchas opciones y si quería trabajar en lo mío, inevitablemente tendría que optar por seguir estudiando. Fue en ese entonces que un ex compañero de universidad me contactó para contarme que él estaba haciendo una maestría en Washington, D.C., y que pensó en mí para ver si me interesaba. La verdad es que no le di muchas vueltas porque la universidad/instituto se acomodaba a mis necesidades: el espacio era pequeño y las clases eran reducidas. El único problema es que nunca había salido del Estado en el que yo vivo con mis padres. Toda la educación la hice en “casa” prácticamente porque todo me quedaba relativamente cerca. Mi madre me llevaba a donde yo tomara clases. En este caso era distinto porque involucraba movilizarse a otra parte. Fue entonces que aprendí a usar el metro. Mi vehículo personal era un scooter que utilizaba una batería que se carga cada dos semanas. Con él yo me podía movilizar para donde yo quisiera y lo usaba bastante cuando estaba en la universidad haciendo el pre-grado. Por lógica, este mini auto me ayudaría a moverme más rápido y recorrer mayores distancias. En teoría, yo hubiese podido ir a D.C. en mi vehículo personal pero me hubiese demorado más, dado que nunca hubiese alcanzado grades velocidades como un vehículo hecho para ese propósito (el mío solamente va a 5 millas por hora en su velocidad máxima). Al principio como en todo orden de cosas me costó adaptarme a este nuevo cambio de andar en metro porque tenía que aprenderme las estaciones y las distintas líneas (i.e., roja, azul, anaranjada, amarilla, verde, y gris). Lo que  me favoreció en su momento fue que el trayecto a la universidad era en una sola línea (la línea roja) y no era necesario hacer ningún tipo de transbordos. Así que no era complicado el viaje de ida y vuelta. Tomaba el metro en la estación que está cerca de mi casa (Twinbrook) y me bajaba en Farragut North, en D.C. Ahora lo digo como si fuese lo más normal del mundo, pero fue una decisión importante que tomé en su momento. La aprensión estaba presente por parte de mis padres porque nunca había hecho algo de esta magnitud, pero al mismo tiempo era una decisión que tenía que tomar ya que ellos no siempre iban a poder llevarme a Washington, D.C., dos o tres veces a la semana. Si bien es cierto mi padre trabaja en la Embajada de Chile en D.C., él no iba a estar disponible para llevarme y traerme en vehículo o ajustarse a mis horarios. Por lo tanto, esta era una oportunidad para crecer un poco más como persona y hacer lo que debía hacer por derecho. Con el tiempo lo demás fue prática y ganar más confianza. Durante dos años hice el mismo trayecto, pero ya era hora de incursionar haciendo otros trayectos. Así que a veces me bajaba en otras estaciones (de la misma línea roja) y salía a recorrer las calles de Washington. Era divertido porque a veces se me olvidaba como regresarme y que el tren de regreso no era el mismo del viaje de vuelta. O sea que el andén no era el mismo. 

Obviamente que sabía esto pero no sabía cómo llegar a ese lado de la estación. De algún modo siempre lograba regresar y me sentía muy realizado por atreverme a hacer más cosas. Tuve la oportunidad de conocer muchos sitios por mi cuenta que antes ni se me hubieran pasado por la cabeza o siempre iba acompañado de alguien, y quería evitar eso a como diese lugar. No porque no quisiera, sino porque no quería la vía fácil. Una vez me tocó ir a un cine que se encontraba debajo de una autopista y prácticamente pegado al río Potomac. Fue divertido porque me iba guiando con el GoogleMaps y literalmente llegué a la orilla Del Río Potomac porque me había pasado de donde estaba el cine, pero fue un error de cárculo y el mapa recalculó mi ubicación. Si no hubiera sido por eso, quizás nunca habría llegado al avant premier de la cinta, o peor, me hubiese caído al río jajaja. Los viajes se tornaron más complejos y requerían que yo saliera de mi “estado de confort” y también conllevaban que tomara otras líneas en el metro lo cual era lógico. Esto involucraba que tenía que aprenderme las conexiones de dónde quería ir para no pasarme de largo. Las aplicaciones en el teléfono me ayudaron mucho para que no me perdiera. La verdad es que no me preocupaba tanto si me pasaba o no, pero más temía por la reacción de mis padres porque sabía que se iban a preocupar. Una vez que demostré responsabilidad a la hora de viajar, ya no llamaba tanto la atención y no se veía como algo fortuito. Ahora era algo que necesitaba hacer si es que quería moverme más allá de mis fronteras. Y fue así como llegué por mis propios medios al Kennedy Center (en donde se presentan las obras reconocidas a nivel mundial) o al Barrio Chino, por citar algunos ejemplos. Otra cosa a destacar es que el sistema estadounidense funciona y rara vez me vi envuelto en alguna situación peligrosa por decirlo de algún modo. Distinto es el caso de la funcionalidad del sistema de metro en el área metropolitana de D.C., que se ha visto afectado en los últimos años, causando retrasos en los viajes y mantención de sus ascensores/escaleras mecánicas. Esto si me causó más de un dolor de cabeza porque cuando los ascensores no funcionaban, me veía en la obligación de bajarme en otra estación y tomar buses conectores o shuttle buses, como se les conocen en inglés. 

Al principio no me gustaba la idea de tomar estos buses conectores porque sentía que retrasaba a los demás pasajeros cuando se subían y me tenía que acomodarme dentro de la máquina para que el conductor pudiera avanzar. En las primeras veces no fue un problema porque era el único pasajero a bordo. Ya cuando se volvió una rutina más adelante, iba con más gente. En sí, el problema era mío porque los norteamericanos no estaban a desagusto o no sentían que yo era un estorbo cuando subía. Era yo el que me ponía nervioso porque pensaba que los incomodaba. Es cierto que no siempre usaba los buses pero era inevitable no sentir que “tenían que esperar por mí”. En el último tiempo, comencé a usar más el transporte público porque me tocaba ir a hacer mi prática y a veces requería que lo hiciera. A pesar que mi padre siempre trazaba la ruta un día antes para que no me perdiera y optar por opciones alternativas. En la mayoría incluían viajes en metro, pero habían lugares en donde el metro no llegaba. Por lo tanto tuve que atreverme más a tomar este tipo de transporte. Reflexionando al respecto, pienso que todo el proceso desde el 2013  hasta la fecha se dio de forma fluida. Pienso también que de a poco me he ido preparando para abordar retos más complejos y he recibido apoyo tanto por parte de mis padres como de lo Divino. Encuentro que en estos cuatro años he crecido más en lo personal que en los 17 años que ya llevo viviendo en este país. Seguramente crecí en otras áreas como el estudio y me fue excepcional. Ahora el reto era explorar otras áreas de la vida y conjugar las experiencias ya vividas con otras completamente nuevas para ser una persona más realizada y contenta consigo misma. Sin embargo, la tarea está lejos de finalizar y aún me quedan muchas cosas por realizar. El hecho que yo me atreva a salir adelante es una señal que ya estoy preparado para afrontar la vida. En cierto modo creo que tengo que ponerme al día en ciertas temáticas y es ahora la oportunidad de hacerlo. Ya no es muy descabellado pensar o imaginar que algún día seré auto-valente y que me podré desplazar por donde yo quiera en el lugar que sea. Solamente tengo que tener paciencia (algo muy difícil de cultivar a veces) y esperar el momento indicado. Tengo que ser pro-activo y no dejar que las cosas pasen, sino uno provocarlas para que tengan el efecto deseado. 

“Primero pienso, luego existo”… 

Quién no ha maldecido alguna vez por tener una condición distinta al “resto”… Quién no se ha hecho la pregunta del por qué las cosas se dieron así. Estoy más que seguro que el 99.95% de la población con alguna discapacidad se ha hecho una pregunta existencial en algún momento de su vida: “¿por qué soy así?”… “¿por qué Dios me hizo así?”… “¿será un castigo Divino?”. En más de una ocasión ha pasado que nos vemos enfrentados a estas preguntas y a veces esperamos por una respuesta que no llega al instante. Para poder entender y luego aceptar tenemos primero que pasar por un proceso lento, y en muchas ocasiones, hasta doloroso. No importa cuál sea la condición física o mental de la persona, todos estamos sujetos a transitar por un camino oscuro que por lo general conlleva años antes de ver la luz. 

En mi caso en particular, el tener una discapacidad/“capacidad distinta” no era un tema muy relevante en mi vida hasta que me vi consciente de ella. Sabía por supuesto que era “diferente” al resto porque no me movilizaba como el resto de mis pares. Sin embargo, a pesar de eso, yo era aceptado por mis pares que crecieron viéndome como a uno más. Los problemas vinieron años más tarde cuando alcancé la adolescencia: me fui dando cuenta que no solamente no podía caminar correctamente, sino que hablaba y me expresa de forma distinta también. No me gustaba escucharme ni cómo sonaba mi voz. Yo no me daba cuenta porque pensaba que hablaba sin ningún problema pero paulatinamente me fui dando cuenta de esos pequeños detalles que después gatillaron en un cuestionamiento. Fue en ese momento que empezó un camino hacia el interior de mi ser. Por primera vez en mi vida me estaba cuestionando la naturaleza de mi existencia y su propósito. 

De cierto modo me sentía solo en mi entorno. A pesar de que tenía a mis padres cerca, sentía que no había nadie quién me pudiese entender. En ese entonces estábamos recién llegados a los Estados Unidos y me habían hecho una operación que ayudaría a corregir un problema en mis piernas que en Chile no se pudo llevar a cabo. Me sentía solo también porque sabía poco inglés y no me podía comunicar con nadie que no hablara mi idioma natal… Además no era una persona que saliera a conocer gente y más por la aprensión, sumado a la convalecencia en la que me encontraba, no tenía muchas opciones disponibles. Cuando ya me sentía mejor (que fue después de casi un año completo), por fin tuve la opción de retomar mi vida hasta donde yo la entendía.

Sin embargo, por motivos que explicaré en otro momento, me costó salir del agujero en el que me estaba metiendo sin ni siquiera percatarme. En cambio, me dejé arrastrar por la soledad y conocí una parte de mí que sabía que se encontraba allí pero que recién a los 14/15 años se estaba mostrando cómo algo existente. Hay que tomar en cuenta que en ese periodo entre el año 2000 al 2007 más o menos, no existían las redes sociales y cuando proliferaron eran incipientes. No había masividad de teléfonos inteligentes y el contacto todavía era cara a cara. Esto dio paso a que yo pudiera conectarme con el “yo” interno y explorar más en mí mismo. Se creó la instancia para hacerme todas las preguntas que nunca antes se me habían ocurrido y tenía el tiempo necesario para explorar cada duda de mis inquietudes. 

Gracias a este periodo de auto-descubrimiento tuve la oportunidad de leer todos los libros de espiritualidad que pudiese hallar y se empezó a formar un entendimiento profundo. Comencé a contemplar la vida de otra manera y sentía de pronto que todas las cosas cobraban un sentido más especial. Este viaje hacia el interior no estuvo exento de obstáculos porque, si bien es cierto me era innato acceder a esta otra realidad y de comprenderla, también tenía que lidiar con el exterior (el entorno) y éste se comportaba de forma hostil. Cuando trataba de compartir mis experiencias con otras personas, me encontraba con una pared de concreto. Mi manera de pensar y de sentir no se condecía con el modo que se conducía el resto de las personas. Cada uno de ellos pertenecía a su grupo particular, mientras que yo no pertenecía a ninguno. Una cosa fue adoptar un pensamiento distinto y otro era ser un adolescente con un impedimento psico-motoro. En otra publicación explicaré con más detalles específicamente en qué consiste mi condición y qué áreas son afectadas. Pero ya pueden haber adivinado que tiene que ver con el cerebro. 

Para terminar, quisiera decir que no fue fácil transitar el camino que me tocó recorrer; pero si no hubiera sido por ello, hoy en día no podría reflexionar sobre la transformación que tuve. Si en un principio la experiencia fue agridulce, esta vivencia me dio la oportunidad de conectarme y empatizar con personas a un nivel muy profundo. Todo lo vivido, incluyendo los malos ratos de mi vida, me han servido para darme cuenta de quién en verdad soy y me siento con el pleno derecho de ayudar a otros a encontrar su propio camino y propósito. ¿Qué opinan de lo que me tocó vivir? ¿Fue necesario? ¿Valió la pena?

Hola, Yo soy…

Soy Cristóbal Fernández, alias Dr. PsyKoNauta, y soy un chileno que reside en Estados Unidos. Antes de comenzar a publicar mis experiencias, quiero contarles que en este blog pretendo relatar mi vida y explicar cómo es haber nacido con una parálisis cerebral, que afecta mi movilidad motora inferior. De entrada quiero dejar en claro que mi intención no es “causar lástima” ni que se compadezcan de mi por tener esta condición. 

Muy por el contrario, quiero servir de inspiración para muchas personas que tengan la misma condición o que han pasado por una situación complicada en la cual hayan quedado imposibilitados de poder volver a caminar. Por intermedio de este blog me encantaría poder enseñar, compartir vivencias y brindar un mensaje positivo a personas, padres, tutores y público en general; sobre el hecho que sí se puede llevar una vida lo más normalmente posible y que las cosas  se pueden hacer igual de un modo u otro. Me imagino que deben de haber decenas de blogs que traten este y otros temas similares pero la visión de cada uno es única e inimitable. 

Por lo tanto, con esto espero poder llegar a más personas y crear un ambiente positivo en donde se debata absolutamente de TODO. El hecho que tengamos una condición no nos hace más o menos especiales que el resto de las personas en este mundo. Cada persona tiene un sello propio que los hace únicos y tener una condición física no es sinónimo de debilidad. Por el contrario, al ser así, nos hace parte de una diversidad aún mayor en las que tenemos que aportar demasiado. Espero que les guste las cosas que vaya publicando y que les sirva como una herramienta de superación.